El Décimo Mandamiento trata con los deseos internos hacia lo que pertenece a otros, identificando la codicia y la envidia como actitudes desordenadas y pecaminosas. Estas producen división, conducen a más pecado y tienen su raíz en el orgullo y en una adoración mal dirigida. El creyente es llamado a vivir en contentamiento, confiar en la provisión de Dios y priorizar el reino de Dios sobre los deseos materiales temporales.
Escucha esta lección:
Deuteronomio 5:21
“…y no desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.
Introducción
Este mandamiento aborda los deseos de los ojos, siguiendo la primera parte que trató los deseos de la carne.
1 Juan 2:16–17 identifica:
Los deseos de la carne
Los deseos de los ojos
La soberbia de la vida
Estos deseos son temporales y pertenecen al mundo, mientras que hacer la voluntad de Dios conduce a lo que permanece para siempre.
La codicia
Definición
La codicia (o avaricia) es un deseo desordenado por lo que pertenece a otro.
No es incorrecto desear cosas, incluso aquellas que pertenecen a otros.
Se vuelve pecado cuando el deseo es injusto o desordenado.
Obtener algo de manera legítima (por ejemplo, comprándolo) no es codiciar.
Efectos de la codicia
Produce enemistad con el prójimo.
Hace a la persona esclava de deseos impíos.
Abre la puerta para que el enemigo influya y controle.
Conduce a otros pecados en la búsqueda de lo que no debe desearse.
Respuesta espiritual
Gálatas 5:24 enseña que los creyentes deben crucificar la carne con sus deseos.
La codicia debe tratarse como cualquier otra inclinación pecaminosa.
La envidia
Definición
La envidia es una forma más profunda y maliciosa de la codicia.
Incluye no solo el deseo por los bienes de otro, sino también tristeza por su posesión o felicidad.
Se opone al amor y a la caridad.
Naturaleza de la envidia
La caridad se goza en el bien de otros.
La envidia resiente las bendiciones de los demás.
Está arraigada en el orgullo, creyéndose más merecedor que otros.
No solo desea poseer, sino también que otros pierdan lo que tienen.
Ejemplo bíblico
Génesis 4: Caín y Abel.
Caín envidió la ofrenda aceptada de Abel y respondió con odio y asesinato.
La envidia conduce a la destrucción y al quebrantamiento de relaciones.
Cómo combatir la codicia y la envidia
Advertencias sobre las riquezas
Lucas 6:24 advierte a los ricos sobre recibir su recompensa en esta vida.
Existe peligro en la abundancia material que conduce a deseos desordenados.
El valor de la pobreza espiritual
Mateo 5:3 — “Bienaventurados los pobres en espíritu.”
Santiago 2:5 — Los pobres son ricos en fe y herederos del reino.
La pobreza material puede reducir la tentación y aumentar la dependencia de Dios.
Contentamiento
Los creyentes están llamados a vivir con:
Contentamiento
Responsabilidad
Generosidad
Estos principios deben guiar la vida en toda etapa.
Confiar en Dios vs. el afán mundano
Mateo 6:25–33
No afanarse por la comida, bebida o vestido.
Dios provee para la creación y proveerá para Su pueblo.
El mundo persigue cosas temporales y materiales.
Estas búsquedas se convierten en ídolos que no dan vida.
Enfoque en el Reino
“Buscad primero el reino de Dios y su justicia.”
Dios conoce nuestras necesidades y proveerá.
Los creyentes deben enfocarse en propósitos eternos, no temporales.
El reino de Dios requiere búsqueda activa y obediencia.
Idolatría y prioridad
El problema raíz es muchas veces la idolatría.
Las personas ponen su esperanza en posesiones materiales.
El primer mandamiento debe permanecer central:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí.”
Cuando Dios ocupa el primer lugar, todo lo demás se ordena correctamente.