Los mandamientos revelan la voluntad de Dios y guían al creyente a vivir una vida alineada con Su propósito. En Cristo, la gracia no elimina la obediencia, sino que nos capacita para cumplirla y crecer en santidad. Los Diez Mandamientos, junto con los dos grandes mandamientos del amor, muestran de manera completa cómo amar a Dios y al prójimo conforme a la voluntad divina.
Escucha esta lección:
Nuestro llamado en Cristo
Dios nos ha llamado a ser salvos, pero la salvación no es solo un evento momentáneo.
La salvación es una experiencia continua que culmina en la experiencia final.
Puede entenderse en tres etapas:
Fuimos salvos,
Estamos siendo salvos,
Seremos salvos.
La vida cristiana es una jornada espiritual, no un punto de llegada inmediato.
La realidad del conflicto espiritual
Al decir “sí” a Cristo, comienza la resistencia espiritual.
El creyente pasa del reino de luz, reconociendo la existencia real del reino de tinieblas.
Aún pueden aparecer tentaciones y restos de oscuridad del pasado.
Existe una guerra espiritual constante entre el reino de Dios y el reino de las tinieblas.
El cristiano lucha por su alma y por permanecer firme en el territorio ganado por el Espíritu Santo.
El propósito de Dios: ser como Cristo
Dios nos ha llamado a ser santos como Él es santo.
Su propósito para nuestra vida nueva en Cristo es que seamos hechos a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:28–29).
No fuimos predestinados a parecernos al mundo, sino a Cristo.
El llamado del creyente es crecer continuamente en su relación con Cristo.
Los dos grandes mandamientos
Jesús resume la ley en dos mandamientos (Mateo 22:34–40):
Amar a Dios con todo el corazón, alma y mente (mandamiento vertical).
Amar al prójimo como a uno mismo (mandamiento horizontal).
Estos dos mandamientos ofrecen una visión completa de lo que significa obedecer a Dios.
Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos.
La ley, el amor y la obediencia
Jesús enseña que amarle implica guardar Sus mandamientos (Juan 14:15).
El amor es la fuente que motiva la obediencia.
Los mandamientos existen para alinear nuestra vida con la voluntad de Dios.
Vivir fuera de esa voluntad es vivir en pecado.
Gracia y ley según Romanos 6
Estar bajo gracia no significa vivir sin obediencia.
La gracia nos da la capacidad de obedecer a Dios.
Pablo enseña que el pecado no debe reinar en el creyente.
La gracia nos capacita para presentar nuestra vida como instrumento de justicia.
La ley como voluntad de Dios
La palabra “ley” significa voluntad o lo que Dios desea que suceda.
Oponerse a la ley es oponerse a la voluntad de Dios mismo.
Dios espera obediencia de Sus hijos, no perfección inmediata, sino un caminar obediente.
Santidad mediante obediencia
Pedro exhorta a no conformarse a los deseos pasados, sino a vivir en santidad (1 Pedro 1:14–16, 22).
La obediencia purifica el alma y produce amor sincero.
El secreto de la santidad es la obediencia constante.
La gracia acompaña cada mandamiento para perfeccionarnos.
Los Diez Mandamientos
En hebreo, “ley” significa instrucción.
Los Diez Mandamientos revelan la voluntad y las expectativas de Dios.
Fueron dados en Éxodo 20 y reiterados en Deuteronomio 5 antes de entrar a la tierra prometida.
Son la base de la moral cristiana.
Relación entre los Diez Mandamientos y los dos mandamientos
Los primeros tres mandamientos enseñan cómo amar a Dios.
Los últimos seis mandamientos enseñan cómo amar al prójimo.
Los Diez Mandamientos, junto con los dos grandes mandamientos de Cristo, presentan una visión completa de la voluntad de Dios.