El Credo afirma que Cristo vendrá a juzgar a vivos y muertos, y este juicio será universal, justo y basado en las obras de cada persona. Los malvados recibirán condenación, los justos serán examinados, y algunos santificados no serán juzgados. Dios nos llama a prepararnos mediante buenas obras, arrepentimiento, misericordia y amor, viviendo en obediencia mientras la Iglesia custodia la fe y guía hacia la restauración.
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El Credo de los Apóstoles
Creo en Dios Padre,
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.
Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.
Amén.
Cristo juzgará a todas las personas (2 Corintios 5:10).
Cada persona será juzgada de acuerdo a sus hechos, no solo por su fe.
Todos serán juzgados: vivos y muertos, con distinciones entre justos y malvados.
Los Malvados
Algunos recibirán condenación inmediata por su incredulidad (Juan 3:18).
Sus obras reflejan incredulidad y ya están bajo juicio.
Los Buenos
Algunos justos no serán juzgados, como los discípulos a quienes Cristo prometió autoridad (Mateo 19:28).
Otros cristianos morirán en virtud y serán examinados incluso por sus palabras vanas (Mateo 12:36).
“A juzgar a vivos y a muertos”
4 Razones para Temer el Juicio
La sabiduría de Dios: Él conoce pensamientos y obras (Hebreos 4:13; Proverbios 16:2).
El poder del Juez: Cristo vendrá con fuerza y justicia.
La justicia rigurosa del Juez: ahora vivimos en misericordia, pero habrá un día de justicia (Mateo 18:34–35).
La ira del Juez: será metódica y justa contra los malvados (Romanos 1:18; Apocalipsis 6:16).
4 Maneras para Prepararnos para el Juicio
Buenas obras: obediencia y práctica de la Palabra (Mateo 7; Romanos 13:3).
Arrepentimiento: vivir en convicción, contrición, confesión y confrontación.
Obras de misericordia (limosna): ayudar a los vulnerables (Mateo 25).
Amor: amar a Dios y al prójimo (1 Pedro 4:8).
La Autoridad de la Iglesia
La Iglesia hoy también ejerce disciplina, juzgando pecados públicos para llevar al arrepentimiento (Mateo 18:17; 1 Corintios 5:3–5).
El propósito de este juicio es la restauración, no la condena.