El Credo y la Palabra enseñan que el Espíritu Santo habita en los creyentes como templo vivo de Dios, convenciéndonos de pecado y renovando nuestra mente y corazón. Es sello y garantía de vida eterna, consejero que guía a la Iglesia, y quien produce fruto y reparte dones para edificar el cuerpo de Cristo. Se recibe mediante arrepentimiento, bautismo y la continua obra del Espíritu en la vida cristiana.


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El Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre, 
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Amén.

  • El Espíritu Santo vive dentro de los creyentes: no está solo “cerca” sino que hace de nuestro cuerpo su templo.

  • Su morada en nosotros significa que el cristiano no está solo, sino que es habitación viva de Dios.

  • Esta presencia también nos une a Cristo y, a través de Él, al Padre, mostrando la comunión trinitaria en la vida del creyente.

Morada del Espíritu Santo

Convicción y limpieza de pecado

  • El Espíritu Santo convence de pecado, de justicia y de juicio.

  • Su obra no se limita a señalar el mal, sino que nos dirige hacia la justicia y al reconocimiento del juicio de Dios.

  • Además de convencernos, cubre y limpia el pecado en la vida del creyente, mostrándonos el amor y el perdón divino.

Ilumina nuestro intelecto

  • El Espíritu Santo tiene la función de enseñar todas las cosas.

  • También renueva nuestra mente, transformando nuestra forma de pensar.

  • Gracias a esta obra, podemos comprender lo que antes era oscuro o incomprensible y caminar en la verdad de Dios.

Nos asiste con gracia y amor

  • El Espíritu Santo renueva el corazón del creyente, dándole un corazón nuevo en lugar de uno endurecido.

  • Produce en nosotros un amor sincero por Dios.

  • Su gracia nos fortalece para guardar los mandamientos y vivir en obediencia.

Nos da esperanza de vida eterna

  • El Espíritu Santo es descrito como sello que certifica nuestra identidad como hijos de Dios.

  • También es la garantía de nuestra herencia eterna, seguridad de que pertenecemos a Cristo.

  • Esta obra nos da confianza en nuestra salvación presente y futura.

Consejero y guía en la voluntad de Dios

  • El Espíritu Santo habla a la Iglesia; su voz es dirección para el pueblo de Dios.

  • Nos ayuda a discernir la voluntad de Dios en medio de tantas voces y opciones.

  • Su guía es práctica y concreta, no solo teórica.

Produce fruto en nuestra vida

  • Su obra en nosotros se compara a un árbol que produce fruto.

  • El Espíritu Santo hace que nuestra vida cristiana dé evidencia visible de madurez.

  • Este fruto refleja el carácter de Cristo y muestra que estamos enraizados en la vida de Dios.

Otorga dones a la Iglesia

  • El Espíritu Santo distribuye dones a cada miembro de la Iglesia.

  • Estos dones son para edificación mutua y para el servicio dentro del cuerpo de Cristo.

  • La correcta práctica de los dones está enmarcada por el amor y el fruto del Espíritu, para evitar abusos o divisiones.

¿Cómo recibimos al Espíritu Santo?

  • Se recibe en el arrepentimiento y el bautismo en agua.

  • También en el bautismo en el Espíritu Santo, que nos capacita para ser testigos.

  • Su obra no es un momento aislado, sino una experiencia continua en la vida del creyente.

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