¿A qué tentaciones eres más propenso a ceder?
Jesús termina su oración pidiendo protección: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13).
Todos necesitamos que Dios nos proteja. No importa cuánto tiempo lleves siendo cristiano ni cuán fuerte creas que es tu fe; si Jesús necesitó orar por protección, nosotros también la necesitamos.
Tal vez la historia más poderosa del ayuno en la Escritura es cuando Jesús fue al desierto y se abstuvo de comida y agua durante cuarenta días. Al final de esos cuarenta días, Satanás se le apareció en el desierto para tentarlo.
Es fácil leer eso y pensar lo aterrador que debió haber sido para Jesús ser tentado cuando estaba tan débil, pero en realidad ocurrió lo contrario. Después de cuarenta días de ayuno, Jesús estaba físicamente débil, pero espiritualmente fuerte. Aunque en el momento no siempre se sienta así, el ayuno aumenta nuestra capacidad para resistir la tentación y ser los hombres y mujeres que Dios quiere que seamos.
Como tal vez hayas notado, el ministerio de Jesús comenzó justo después de que regresó del desierto. Este es un patrón muy común. Al acercarnos a nuestra tercera y última semana de ayuno, anímate sabiendo que quizá Dios te llamó a hacer este ayuno porque tiene preparado un gran siguiente paso para tu vida.
Eso debería entusiasmarte, pero también darte aún más razón para orar y pedir que Dios te proteja en el proceso. Dedica unos minutos a nombrar específicamente las cosas que te tientan. Sé específico. ¿Es la avaricia? ¿La lujuria? ¿El poder? ¿La fama? No te avergüences. Dios te conoce mejor de lo que tú mismo te conoces. Nómbralo y luego pídele a Dios que te proteja orando esta oración:
Oración: Padre, ahora me siento bien, pero tú sabes qué tan rápido eso puede cambiar. Mientras avanzo en mi día, te pido que me guíes por el camino de la justicia. Sé que el enemigo intenta derribarme. Así que, Señor, protégeme de cualquier tentación que pueda presentarse y líbrame del maligno, en el nombre de Jesús. Amén.